Lo que nos preguntáis
Las dudas que llegan siempre
Antes de reservar, casi todo el mundo llega con las mismas dudas. Estas son las que más nos repetís.
Mi pareja no quiere ni oír hablar de esto
Casi nunca es un no a pedir ayuda. Suele ser un no a cómo llega la propuesta: si se dice en mitad de una discusión, el otro lo oye como «tú eres el problema» y se cierra. Prueba en calma y desde ti: «quiero entender qué me toca cambiar a mí. Hacemos la sesión de claridad juntos y, si luego me dices que no, lo dejo y no insisto». Esa frase puedes decirla hoy.
¿Puedo hacerlo yo sola, sin él?
No. Solo trabajamos con parejas, y no es un capricho de formato: las heridas que se abren en el vínculo se curan en el vínculo. Por tu cuenta puedes entender muchísimo y aun así tocar techo, porque lo que hay que entrenar es lo que pasa entre los dos cuando uno salta, y eso no se ensaya en solitario. Si ahora mismo estás sola en esto, empieza por el Mapa de las Heridas y vuelve cuando podáis los dos.
Las sesiones, ¿son en grupo con otras parejas?
No. En las sesiones en vivo estáis vosotros dos y estamos nosotros dos. Nadie más escucha nada. Lo que sí es común son las clases grabadas, que cada uno ve por su cuenta cuando puede, y de ahí viene la confusión con el formato. Si tenéis que contar lo más difícil de vuestra relación, lo contáis en una sala donde solo estamos los cuatro.
¿Os vais a poner de su parte? ¿Voy a salir yo de aquí como el culpable?
Es el miedo que más frena y del que menos se habla, sobre todo si ya te has sentido el señalado en otro sitio. Por eso estamos los dos: hay mirada de mujer y mirada de hombre en la misma sesión. Aquí no se reparte culpa, se reparte responsabilidad, y cada uno mira su parcela, no la del otro. Lo incómodo no será que te juzguemos; será ver qué parte de esto sostienes tú.
¿Y si yo pongo de mi parte y él no? Al final tiro yo de todo
Probablemente lleves tiempo sosteniendo esto tú sola y estás cansada de remar. Dos cosas. Una: que él no ponga es otro tema; la pregunta que de verdad te mueve es qué te impide a ti hacer tu parte. Dos: no te dejamos sola con eso. Si uno de los dos no hace el trabajo, lo confrontamos, y somos pesados hasta el último día. Lo que no vamos a hacer es obligar a nadie, porque eso no sostiene nada.
Ya hemos ido a terapia y salimos igual que entramos
Nos lo decís mucho, y casi nunca fue porque no entendierais lo que os pasa. Entender no es cambiar: salíais con la explicación y el martes por la noche repetíais la misma escena. Aquí las sesiones son entrenamiento, no conversación: tenéis la conversación difícil delante de nosotros y os corregimos en vivo. Y entre sesión y sesión hay un paso a paso para usar en casa. La diferencia se hace fuera, no dentro.
No tenemos tiempo para esto
Llegáis agotados y esto suena a una tarea más encima. Va justo al revés: lo que de verdad cambia las cosas no ocupa agenda. Es cómo os habláis cuando salta el roce y cómo os reguláis antes de contestar, y eso se entrena en el día a día, en ratos que ya estáis viviendo juntos. Lo que sí ocupa hueco son las clases y los ejercicios: de 40 minutos a una hora a la semana. Las semanas que hay sesión, entre hora y media y dos horas y cuarto en total. Y hay flexibilidad: si una semana se os tuerce, se ajusta.
¿Y si no funciona?
No podemos garantizarlo, y quien os lo garantice os está engañando. Tampoco os pedimos fe. No hace falta que creáis que todo se va a arreglar, ni siquiera que creáis en vosotros ahora mismo: solo que comprobéis si sois capaces de hacer algo distinto durante un tiempo limitado. La certeza no se tiene antes de empezar, se tiene después de haber hecho el trabajo. Y hay parejas que eligen caminos distintos, pero lo eligen sabiendo que lo dieron todo.